Todos los que cuidan a una persona con demencia saben que las tardes pueden volverse largas y difíciles. En esos momentos, cuando el día se apaga y el cansancio se acumula, aparece lo que se llama "síndrome vespertino" o "síndrome del ocaso". Es cuando la confusión, la inquietud y el miedo parecen despertar junto con las sombras.
El enfermo que durante la mañana estaba tranquilo puede volverse nervioso, desorientado o irritable. Algunas veces intenta salir de casa, no reconoce su entorno o pregunta repetidamente por alguien que no está. Para el cuidador, que lleva todo el día atento, cada caída del sol trae un nuevo reto, una nueva prueba de paciencia.
No se sabe con certeza por qué ocurre. Se cree que la fatiga, los cambios de luz , las alteraciones del reloj biológico influyen, e incluso, las condiciones meteorológicas. Pero más allá de las causas, lo cierto es que estas horas pesan. Pesan porque rompen el poco descanso que queda. Porque generan angustia, impotencia y, en ocasiones, culpa.
Hay muchos cuidadores describen este momento como una ola que llega cada tarde y que no pueden evitar. Se preparan como pueden: encendiendo las luces, cerrando cortinas, hablando con voz suave, buscando distracciones. A veces funciona, a veces no. Y cuando no, el agotamiento cala hondo.
Por eso es tan importante recordar que el síndrome vespertino no es culpa de nadie. No del enfermo, que no puede controlar lo que siente. Tampoco del cuidador, que hace lo que puede con lo que tiene.
Es conveniente ─y es una buena ayuda─ mantener rutinas, evitar el exceso de estímulos, asegurar buena iluminación y, sobre todo, buscar apoyo. Compartir la carga, pedir ayuda, permitir que otros cuiden también. Porque cuidar cansa. Y cuando cae el sol, esa verdad se vuelve más visible que nunca.
El "síndrome vespertino" nos enseña algo esencial: que la compasión también debe dirigirse hacia quien cuida. Solo cuando el cuidador se siente acompañado, puede seguir ofreciendo calma en medio de la confusión.
Al final del día, mientras nuestro alrededor se silencia, no solo necesita descanso quien tiene demencia. También lo necesita, y lo merece, quien la acompaña.
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Comentarios
Está muy bien descripción, vas ayudar a muchas personas. Recuerda que cuidador también necesita ayuda. Muchos besos, estamos para ayudarte.